Pastoris: trashumancia, memoria y palabras que unen territorios

Pastoris: trashumancia, memoria y palabras que unen territorios

Apartamentos Rurales Braña La Code colabora en la presentación y posterior debate de Pastoris en Somiedo, una película que encuentra en la trashumancia un poderoso vínculo entre territorios, paisajes y culturas.

Hay caminos que no solo conducen de un lugar a otro. Durante siglos, las rutas de la trashumancia fueron también caminos de intercambio: por ellas viajaron los rebaños, pero también las personas, los conocimientos, las costumbres, las historias y las palabras.

La trashumancia fue una forma de relacionarse con el territorio y de construir una cultura compartida entre comunidades separadas por montañas, valles y cientos de kilómetros.

Ese patrimonio cultural es el que vuelve a ocupar un lugar protagonista en Somiedo con la presentación de Pastoris, una película de Pablo Moreno que recupera la vida pastoril y la antigua trashumancia entre Salamanca y Extremadura.

La actividad, en la que colabora Apartamentos Rurales Braña La Code, se enmarca además en el contexto de la XVI Romería de la Trashumancia Lagos de Saliencia, una celebración que mantiene viva la memoria de quienes hicieron de las montañas, las brañas y los caminos ganaderos una parte esencial de su forma de vida.

La trashumancia como encuentro entre territorios

Hablar de trashumancia es hablar de ganado y de pastos, pero también de una manera de entender el mundo.

Los desplazamientos estacionales de los rebaños exigían conocer profundamente el paisaje, interpretar el tiempo, reconocer los caminos y dominar un conjunto de saberes que se transmitían de generación en generación.

En Somiedo, esa cultura está íntimamente ligada a las brañas, a la vida vaquera y a una relación con la montaña basada en el conocimiento y el aprovechamiento de los recursos del territorio.

Las brañas no fueron únicamente espacios de estancia para personas y ganado: fueron lugares de trabajo, convivencia y transmisión de conocimientos, escenarios en los que se fue construyendo una cultura propia.

Pero las culturas pastoriles nunca quedaron encerradas dentro de las fronteras administrativas de los territorios.

El movimiento de los rebaños favoreció durante generaciones el contacto entre comunidades alejadas entre sí. Pastores y ganaderos compartieron caminos y experiencias, intercambiaron formas de trabajar, costumbres, músicas, relatos y maneras de nombrar aquello que les rodeaba.

Por eso, la trashumancia puede entenderse también como un gran corredor cultural, una red de relaciones humanas que conectó territorios y que dejó su huella tanto en el paisaje como en la memoria de sus habitantes.

Cuando las palabras también viajan

Entre ese patrimonio compartido, la lengua ocupa un lugar especialmente significativo.

Cada territorio pastoril desarrolló sus propias formas de nombrar el paisaje, los animales, las labores, las herramientas, los fenómenos meteorológicos o las relaciones entre las personas. Las palabras nacidas de la experiencia cotidiana contienen una parte esencial de la memoria de quienes las utilizaron.

En este contexto, el encuentro que propone Pastoris adquiere una dimensión especialmente sugerente. La película permite poner en diálogo diferentes territorios de tradición pastoril y sus respectivas formas de expresión: el habla de Somiedo, la fala extremeña y el palra d’El Rebollar forman parte de ese amplio patrimonio lingüístico rural que permite acercarse a una determinada manera de interpretar y habitar el mundo.

En Pastoris, esta dimensión lingüística adquiere además un valor excepcional. La película fue rodada íntegramente en palra d’El Rebollar, una variedad del dominio asturleonés hablada en el sur de Salamanca y el norte de Cáceres y actualmente en riesgo de desaparición.

La lengua no aparece así como un simple recurso cinematográfico, sino como parte de la identidad de los personajes y del universo cultural que la película pretende preservar.

Esta atención a la palabra resulta particularmente relevante en un momento en que muchas de estas formas de expresión corren el riesgo de desaparecer junto con los contextos sociales en los que fueron utilizadas.

Cuando desaparece una palabra, no desaparece solamente un término: puede desaparecer también una forma de observar, clasificar y comprender el territorio.

Pastoris, una historia de pastores y de regreso

La película de Pablo Moreno sitúa su historia a comienzos del siglo XIX, en el contexto de la Guerra de la Independencia.

Su protagonista, Domingo, regresa a su hogar después de haber sido dado por muerto en la guerra. El mundo al que vuelve ha cambiado y él mismo debe encontrar de nuevo su lugar.

La oportunidad de ganarse la vida como pastor le lleva a emprender un largo viaje con un rebaño de ovejas desde Salamanca hacia los pastos de Extremadura. El recorrido por las antiguas rutas trashumantes está marcado por las dificultades del camino —y por los peligros de una naturaleza todavía profundamente presente—, pero también por los recuerdos y conflictos interiores del protagonista.

De este modo, la trashumancia se convierte en mucho más que el marco histórico de la película. El desplazamiento del rebaño acompaña el viaje interior de Domingo, que debe enfrentarse a su pasado y reconstruir su relación con su familia, con su comunidad y consigo mismo.

La película presta además una atención especial a los elementos que conformaban aquella sociedad pastoril: los paisajes, las indumentarias, los cantos, las danzas, los instrumentos populares y las costumbres.

El resultado se aproxima en algunos momentos a un auténtico documento de memoria etnográfica, recuperando aspectos de una cultura rural que se encuentran hoy en vías de desaparición.

Una memoria que sigue viva

La presentación de Pastoris en Somiedo adquiere así un significado que va más allá de la proyección de una película. Supone abrir un espacio para conversar sobre aquello que todavía permanece en la memoria de los territorios pastoriles y sobre todo aquello que corre el riesgo de perderse.

La XVI Romería de la Trashumancia Lagos de Saliencia representa precisamente esa voluntad de mantener vivo un legado.

Recordar a los pastores y a sus rebaños es recordar también a quienes hicieron posible una forma de vida estrechamente vinculada a las montañas, las brañas y los caminos. Es reconocer los conocimientos acumulados durante generaciones y la cultura que surgió de esa relación cotidiana con el territorio.

Y es también reconocer que el patrimonio rural no está formado únicamente por edificios, paisajes o caminos. Está hecho de personas, palabras, gestos, oficios, canciones, relatos, costumbres y conocimientos. Elementos aparentemente pequeños que, juntos, construyen la identidad de una comunidad.

Por eso, conservar la memoria pastoril no significa mirar únicamente hacia el pasado. Significa comprender el valor de una cultura que todavía forma parte de la identidad de nuestros pueblos y de nuestros paisajes.

Significa escuchar las palabras de quienes todavía recuerdan cómo se vivía, cómo se trabajaba y cómo se hablaba. Y significa entender que, cuando desaparecen las prácticas, las palabras y las personas que las sostienen, desaparece también una parte irrepetible de nuestra historia.

En ese sentido, Pastoris y la tradición trashumante se encuentran en un mismo camino: el de preservar la memoria para que pueda seguir siendo cultura viva. Un camino que une Salamanca y Extremadura con las montañas de Somiedo y que recuerda que, durante siglos, los pastores no solo trasladaron sus rebaños de unos pastos a otros. También llevaron consigo una manera de vivir, de relacionarse y de nombrar el mundo.